Hasta el año pasado, Laura pudo ahorrar y como todo argentino lo hizo en dólares para afrontar la alta inflación. Pero desde que el presidente ultraliberal Javier Millei asumió el cargo, sus ingresos se han desplomado y está vaciando la alcancía. En una economía en recesión, el peso se aprecia aunque nadie celebre.
“Siempre he ahorrado en dólares porque es lo único seguro en Argentina. Antes compraba 200 al mes. Desde diciembre vendo 300 y no alcanza”, Laura Gil, banquera de 49 años. y madre de dos niños en edad escolar, dijo a la AFP.
El apetito por el dólar ha disminuido en Argentina como protección contra la inflación bajo el gobierno de Miley, pero lo que parece alentador desde lejos ha revelado una recesión, una caída de las importaciones y de los ingresos.
Las restricciones a la compra de divisas impuestas en 2018 para desalentar la demanda de dólares han provocado una subida de los tipos de cambio que van desde el ‘blue’ ilegal hasta el impulsado por el mercado bursátil.
En los últimos meses, todos ellos han ido decayendo hasta que la brecha de cotización respecto al tipo de cambio oficial es inferior al 20%, diferencia que alcanzó el 100% en octubre pasado.
qué sucedió
Tras asumir el cargo el 10 de diciembre, Miley devaluó el peso en más de un 50% y desde entonces la depreciación ha sido a un ritmo mensual del 2%.
“La devaluación ha hecho que este tipo de cambio sea muy favorable para todos los exportadores, por eso están liquidando sus monedas” aumentando la oferta de dólares en el mercado, explicó a la AFP el economista independiente Pablo Tigani.
Pero los precios reflejaron shocks devaluatorios, que alimentaron la inflación y redujeron el poder adquisitivo (y de ahorro) de los argentinos.
“Quienes tenían dólares ahorrados los queman para pagar las cuentas (gastos). “Nadie tiene pesos”, la ya no bulliciosa ‘ciudad’ de Buenos Aires, un ‘arbolito’, un cambista callejero, suma arriba.
Con una inflación del 254% anual y aumentos en el alquiler, el transporte, el combustible, la salud o la educación, la castigada clase media debe vender los dólares que guarda debajo del colchón.
Tigani señaló que “en los últimos meses la inflación del dólar se ha manifestado: la gente gana en pesos y los precios suben en dólares”.
Pero la presión de la clase media, histórica compradora del dólar, es sólo una parte de la explicación de la caída de la demanda de la moneda.
Las importaciones también cayeron un 13,4% interanual en enero, especialmente los bienes de capital que alimentan a la industria, lo que significó una menor demanda de dólares para pagar en el exterior.
Un factor estacional también incide en la mayor oferta de divisas, que es el inicio de la liquidación de las exportaciones agrícolas con picos en abril y mayo.
En este contexto, el banco central logró reconstruir las maltrechas reservas de divisas internacionales del país y llevarlas a su nivel más alto de los últimos seis meses.
Mala señal
“Argentina lleva 14 meses en recesión, pero los últimos cuatro han sido los más intensos. El crecimiento de los precios fue muy fuerte y el consumo se desplomó”, explicó a la AFP el economista independiente Federico Glustein.
La inflación fue del 20,6% en enero y analistas privados la estimaron en el 18% en febrero, cifra que se conocerá la próxima semana.
“La inflación está bajando, pero sigue siendo muy alta”, comentó Glustein, añadiendo que “es necesario hacer ajustes económicos, como más subidas de tipos, que podrían hacer que vuelva a subir”.
La recesión ha reducido el consumo, pero la industria también ha sufrido y, por tanto, ha caído la demanda de energía. Esto afecta la disponibilidad de divisas en un país que importa parte de la energía utilizada en sus fábricas.
Según la Confederación de la Mediana Empresa de Argentina, solo en el renglón Pymes (pequeñas y medianas empresas), en enero se registró una caída interanual del 30% en la actividad manufacturera.
“Argentina está importando menos combustible, por lo que se gastan menos reservas y el banco central puede comprar el excedente”, dijo Glustein, quien interpretó la caída de la demanda de dólares como un “signo de crisis”.